Egan
Después de firmar los papeles de divorcio, llegué a la casa de mis padres. Mamá con la abuela Cristal preparaban la gran cena. Ellas se veían felices, y Dios, iba a arruinar la velada.
—¿Egan puedes ayudarme? —Salvador ingresó al despacho con su cuaderno.
—No comprendo las matemáticas. —Sonreí.
Le hice señas para que se acercara al sillón, nos pusimos a trabajar. En las siguientes dos horas mi hermanito logró distraerme.
—Ese olor me va a matar del hambre. —Nuestro padre ingresó al despach