-Presente-
Portia se sentó en su consultorio después de que su último paciente se fue, mirando archivos viejos en su computadora.
Los registros de su trabajo con Latham. Seis meses de sesiones intensivas. Luego tres meses más donde la relación había cambiado de terapéutica a… algo más.
Cada sesión documentada meticulosamente. Era su naturaleza—nunca confiar solo en memoria. Siempre tener registros. Siempre tener evidencia.
Releía ahora con ojos completamente diferentes.
Las primeras entradas eran pura preocupación profesional:
“Paciente presenta ideación suicida activa. Plan establecido. Alto riesgo. Requiere intervención intensiva inmediata.”
“Sesión 4: Paciente muestra pequeña mejoría en técnicas de afrontamiento. Todavía alta ideación pero sin plan activo actual.”
“Sesión 12: Primer día completo sin pensamiento suicida reportado. Progreso significativo.”
Todo clínico. Medido. Profesional.
Pero luego, alrededor de la sesión 20, el tono cambiaba sutilmente:
“Latham está haciendo avan