A Isla le punzaba la cabeza con dolor. Sentía como si alguien le golpeara las sienes desde adentro. Cuando intentó abrir los ojos, sus párpados se negaron a levantarse, como si estuvieran pegados. Tenía la garganta seca y un ligero sabor agrio a tequila todavía le persistía en la lengua.
Entonces los recuerdos empezaron a volver: los llantos, los gritos y la botella entera de tequila que se había empinado. Recordó cuánto había llorado hasta que no pudo respirar. Solo por una noche, había querido