Sacó los dedos. Mercy gimió por el vacío que quedó. La giró para que quedara frente a él y la subió al tocador. Con las piernas de Mercy bien abiertas, Aurelian se colocó entre ellas.
Volvió a besarla, con un deseo intenso y voraz, mientras se acomodaba en su entrada. Con una sola embestida lenta, se hundió hasta el fondo y se abrió paso dentro de ella.
Mercy gritó y le clavó las uñas en los hombros.
—Ahhh... carajo... qué hondo...
La sostuvo quieta y le dio tiempo a acostumbrarse a sentirlo ant