Capítulo 343
Aurelian apretó los puños contra el asiento.

—Maldita sea... eres perfecta.

Ella aceleró el vaivén, moviendo la cabeza con ritmo constante, las mejillas hundidas y la lengua presionando. La saliva le brillaba sobre la verga. Aurelian empezó a levantar la cadera en pequeñas embestidas incontrolables, buscándole la boca.

—Mercy... no puedo, carajo, necesito tocarte —dijo con voz tensa—. Por favor... déjame tocarte.

Ella negó sin soltarlo, con los ojos clavados en los de él. Eso solo lo hizo gemir
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