Mercy salió del baño con una toalla blanca apenas envuelta sobre el pecho. Debajo no llevaba nada. El vapor de la ducha se le pegaba a la piel como una neblina tibia y la hacía brillar apenas bajo la luz tenue del dormitorio.
Llevaba el cabello rubio y húmedo envuelto en otra toalla blanca, retorcida sobre la cabeza. Tembló un poco por la tormenta que rugía afuera. Los truenos retumbaban como tambores lejanos y los relámpagos destellaban caóticos en el cielo. La lluvia caía en cortinas incesante