Jasmine no lloró al salir de la oficina de Aurelian. Caminó con pasos firmes y seguros.
Sus tacones resonaban con fuerza contra el suelo de Wyndham Holdings; cada paso estaba medido. Los empleados la saludaban con cortesía al pasar, pero ella apenas los oía.
Algo le ardía. Era algo más profundo que la humillación.
Cuando llegó a su oficina y cerró la puerta, el golpe resonó con más fuerza de la esperada. Luego vino el silencio.
Su escritorio seguía impecablemente ordenado. Sus premios seguían en