Era una mañana radiante en Carminton. La fachada de vidrio de Wyndham Holdings brillaba bajo el sol como una joya pulida. El edificio se alzaba imponente en el distrito financiero, un monumento al poder y al legado.
Los empleados habían llegado más temprano que de costumbre. Los altos ejecutivos habían ajustado sus horarios. Los asistentes iban de un lado a otro más rápido de lo normal, y la seguridad se había duplicado.
Todo porque ese día iría el director ejecutivo. Y no venía solo. La noticia