El convoy de Isla entró en la Avenida Wyndham Skyline. No era un vecindario cualquiera, sino un refugio residencial de lujo para la élite, conocido por su elegancia y sofisticación. Cada una de sus torres era un monumento de cristal y opulencia que pertenecía a Wyndham Residencial. Se decía que era la zona de penthouses más cara de todo Richbouph.
El vecindario se extendía con más de cincuenta torres resplandecientes, cada una con un nombre y estilo distintos, que se alzaban hasta las nubes como guardianes silenciosos del poder.
Mientras los otros autos de su convoy se dirigían al estacionamiento subterráneo, el de Isla se deslizó hacia la entrada principal del Wyndham Heights, uno de los edificios residenciales de los Wyndham.
En cuanto su auto se detuvo, un portero se apresuró a acercarse y le abrió la puerta con una sonrisa profesional.
—Bienvenida, señora.
Lo saludó cordialmente. Isla bajó del auto con elegancia y, tras asentir a modo de saludo, le entregó las llaves.
—Bienvenida,