—¿Cómo que mi esposa desapareció?
A Gabriel le temblaba la voz mientras hablaba por teléfono. Apretó con más fuerza el volante y los nudillos se le pusieron blancos.
—La dejé en casa hace muy poco. No me dijo que iba a salir. Habla de una vez, ¡carajo!
Gabriel golpeó el volante con la palma de la mano y el impacto retumbó dentro del auto.
—Lo siento, señor —dijo Stone del otro lado, con la voz tensa—. Sus guardaespaldas dicen que salió de la casa apenas usted se fue. Manejó ella misma.
A Gabriel