Mientras tanto, en el penthouse de Ben, había otra escena íntima en marcha.
La respiración de Ben salía en jadeos roncos.
—Carajo, Betsy, sí, así.
Sus manos fuertes se enredaron en el cabello suave de ella, sosteniéndole la cabeza firme. La boca de Betsy subía y bajaba sobre su verga dura. Lo chupaba hasta el fondo, con los labios apretados alrededor del grueso miembro y la lengua girando sobre la punta sensible, saboreando la sal de su líquido preseminal.
Cada movimiento de cabeza le provocaba