—Miren quién volvió. —Betty, la hermana de Isla, intervino con una sonrisa burlona cuando Isla y Betsy se acercaron al privado VIP—. ¿Cómo no viste a tu esposo? Estuvo aquí mismo en el instante en que te fuiste, preguntando por ti.
Isla se quedó confundida, con la mirada clavada en Gabriel, que estaba sentado relajadamente entre el grupo, con la camisa de seda desabotonada lo suficiente para dejar entrever un rastro de su pecho. La confusión le nublaba la mente, espesa y desorientadora.
¿Estaba