Isla entró a la sala y encontró a Betsy y Sofie ya acomodadas en los sillones, con las piernas recogidas bajo el cuerpo mientras trabajaban en silencio en sus tabletas. De pronto Betsy por fin notó que Isla entraba.
—Por fin llegó —dijo Betsy, soltando el aire con evidente alivio.
Isla dejó escapar una risita y se acercó a ellas. Se hundió en el sillón blando como una nube, cuyos cojines abrazaron su cuerpo.
—Perdón por hacerlas esperar. Deben saber...
Antes de que pudiera terminar, Sofie se end