Mercy no volvió a su departamento esa noche. La idea de poner un pie dentro del condominio, donde todo le recordaba a Richard, le revolvía el estómago. En cambio, se alojó en un hotel tranquilo y limpio en las afueras de la ciudad. La habitación era sencilla, con sábanas blancas, luz tenue y un escritorio pequeño junto a la ventana. Dejó caer su bolso, se quitó los zapatos de una patada y se sentó al borde de la cama.
Se quedó mirando la pared durante un buen rato. Los recuerdos la golpeaban uno