El teléfono no dejaba de sonar, pero Gabriel no respondía. Apagó el celular y lo guardó en el bolsillo interior de su saco. Cuando levantó la mirada, vio a Isla todavía de pie junto al auto. Su cara no revelaba nada, su expresión era tranquila, imposible de interpretar.
Se acercó y le habló en voz baja.
—¿Vamos?
Ella solo asintió levemente con la cabeza antes de darse la vuelta y caminar hacia la casa, dejándolo atrás para que la siguiera.
Adentro, las empleadas y Diana les dieron una cálida bienvenida. Esta última estaba encantada de verlos llegar juntos.
—Buenos días, Diana —saludó Gabriel cortésmente, inclinándose un poco para darle un beso suave en la frente.
Diana rio, con una amplia sonrisa. Estaba feliz de verlos uno al lado del otro, como debe ser un matrimonio. Charles también se acercó a saludarlos, y pronto el cuarto se llenó de risas y voces alegres.
—¡Tía Isla! —exclamó una vocecita.
El pequeño Jeff llegó corriendo, con sus piecitos descalzos resonando en el piso. Isla fle