—¿Madre? —Gabriel habló con tono tenso, incrédulo—. ¿Qué haces aquí?
La música y las conversaciones parecieron desvanecerse en el fondo. Incluso Ben y Peter se voltearon sorprendidos, intercambiando miradas inciertas.
Anna permaneció inmóvil, con los ojos clavados en su hijo. Su expresión era de autoridad y desaprobación. Una mirada conocida, que Isla había aprendido a reconocer.
—Gabriel —dijo por fin, en tono cortante—. No sabía que necesitara permiso para visitar un lugar público.
Isla casi j