La vista nocturna de la residencia de Gabriel e Isla era impresionante. Superaba incluso lo que Isla había imaginado. La mansión brillaba como un palacio bañado en luz de estrellas.
La fuente del frente destellaba como una cascada de diamantes, se veía hermosa.
Isla y Gabriel iban sentados juntos en el carrito de golf, recorriendo lentamente la enorme finca. Tal como él se lo había prometido, le mostró la propiedad entera.
Ninguno de los dos hablaba. Solo el suave zumbido del motor eléctrico mur