Capítulo 106
Magdalene sonrió con calidez a los Ainsworth cuando entraron. Las luces del pasillo atravesaban la puerta e iluminaban el encantador vestíbulo.

Diana Ainsworth llevaba en las manos un hermoso ramo de lirios blancos y nube.

—Buenos días —le dijo a Magdalene, y el aire se llenó de un aroma dulce.

—Pasen, por favor, señor y señora Ainsworth —dijo Magdalene mientras se hacía a un lado—. El señor Wyndham los está esperando.

—Ay, gracias, querida —dijo Diana con voz alegre—. Me da mucho gusto estar aq
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