El sol comenzaba a ocultarse, bañando el cielo con tonos rojos y dorados mientras el grupo avanzaba a través del espeso bosque. Tras días de caminar y sobrevivir a los elementos, finalmente se encontraban a las puertas del Santuario que Elyndor había dejado como legado. La montaña que se alzaba ante ellos parecía casi inexpugnable, pero el rastro de antiguos símbolos que marcaban el camino les indicaba que estaban cerca de descubrir secretos que cambiarían todo lo que conocían.
Tara, caminando