El silencio dentro del Santuario de la Sombra era denso. Tara cerró el libro que tenía frente a ella con un suspiro. No había nada más que leer. Todo lo que necesitaban saber sobre los Tejedores ya lo habían descubierto. Ahora solo quedaba actuar.
Rhidian apoyó las manos sobre la mesa de piedra, mirando a cada uno de sus compañeros.
—Entonces, lo que nos queda es prepararnos —dijo con determinación—. Lilith, Azareth y los Tejedores no van a esperar.
Kael dejó caer un viejo pergamino sobre la me