Tara aún sentía el ardor en su piel, no por dolor, sino por la energía vibrante que se había despertado en su interior. La Llama de Origen ahora formaba parte de ella, latiendo como un segundo corazón.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Rhidian, sin apartar su mano de su espalda.
Tara tomó aire, intentando calmar la tormenta de emociones que se agitaban dentro de ella.
—Poderosa —admitió con una pequeña sonrisa.
Rhidian asintió, pero su expresión no perdió la seriedad.
—Lo que hiciste fue increíble,