La fría noche envolvía las ruinas, su neblina densa como un manto que cubría todo a su paso. La reunión secreta entre Lilith, Azareth y los Tejedores había comenzado. Los ecos de sus voces se diseminaban como susurros a través de la oscuridad. Nadie sabía cuán peligrosa podría ser esta alianza, ni las consecuencias que acarrearía.
Lilith estaba sentada en el centro de la mesa de piedra, rodeada por los Tejedores. Su rostro era impasible, sus ojos reflejaban un hambre de poder que ni siquiera el