El beso entre Tara y Rhidian había sido un catalizador. Por un instante, todo lo demás desapareció: las amenazas, las preguntas sin respuesta, incluso el agotamiento que pesaba sobre los hombros de Tara. Pero justo cuando el momento podía haber evolucionado a algo más, un sonido lejano de pasos resonó en el corredor fuera de la habitación. Rhidian se separó con un suspiro frustrado, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y algo parecido a la exasperación.
—Alguien tiene un talento especial