La noche envolvía el bosque en un manto de sombras, pero Tara y Rhidian apenas lo notaban. Todavía estaban atrapados en el momento que compartieron, sus respiraciones entrelazadas, y las palabras de Rhidian resonaban en los oídos de Tara: "No voy a dejar que nada te pase. Nunca."
Pero el aire a su alrededor cambió. Una ráfaga helada atravesó los árboles, seguida de un silencio inquietante que hizo que Rhidian tensara su mandíbula. Sus sentidos se agudizaron, y sus ojos se movieron hacia la oscu