Salvatore y Amaranta pasaban mucho tiempo juntos, gracias al abuelo Rómulo.
Siempre aparecía medio distraído a lo lejos, y ellos terminaban besándose o abrazándose. Los días pasaron y decidieron bajar la tensión entre ellos.
El pie de Amaranta ya estaba por completo sano, pero aún así Salvatore en ocasiones la subía en brazos, pues Rómulo estaba leyendo o mirando algo en algún lugar de la sala.
Las noches de pasión entre ellos seguían, Amaranta lograba encender ese fuego que ya Salvatore no hac