—¿¡Estas loca!?- ladró Burya enfurecida.- ¡¿tienes alguna idea de lo que estás pidiendo?!
—¡Por supuesto que sí!- bramó Cítiê.- ¡pido, que ayudemos a descansar al único hombre que he amado en mi vida! ¿Crees que esta situación no me hiere? ¡¿Crees que me hace feliz siquiera pensar tal atrocidad?!
Un nudo se apoderó de la garganta de todas las mujeres presentes en la habitación.
—Nuestro amado no sanará. No hay nada que podamos hacer y debemos aceptarlo aunque nos duela.- el mentón de Cítiê temb