Ambos combates se desarrollaban a la vez.
Mientras el portentoso lobo perseguía al arquero a través del espeso bosque, Umara huía de la furia asesina de Cassandra.
—¡Te destriparé con mis propias manos, maldita! ¡Desde que apareciste mi vida y mis planes perfectos se vinieron abajo!
—¿Llamas perfecto a envenenar a tu propio esposo?
Una expresión de fatalidad cubrió el rostro de la rubia.
—No lo habría hecho si él no me hubiera forzado a ello.
—¿Quién? ¿Tu hermano?- masculló Umara, lanzando bola