El campamento era increíblemente grande.
Había tantas tiendas, que Alessia se maravilló de que su captor no se perdiera entre todas ellas.
Por doquier había rebeldes, quienes detenían su ir y venir e incluso sus conversaciones al verla pasar.
Sin dudas, su presencia entre ellos era un espectáculo, sobre todo porque Karman la llevaba, tirando de ella con la cadena, como si fuese una perra.
—¿Qué te parece, forastera?- farfulló Karman.- has despertado la curiosidad de mis súbditos.
—¿ Súbdit