Umara:
—Llevas demasiados días encerrada en tus aposentos.- murmuró Sarab, entrando a mi habitación mientras traía una bandeja en sus manos.
—Me encuentro indispuesta.- musité, sentándome sobre el colchón y recibiendo la bandeja en la que reposaban una serie de alimentos que de verlos me provocaban náuseas.
Sarab suspiró y sentándose va orillas de la cama acarició lentamente mis cabellos.
—Has sufrido una gran desilusión, ¿no es así, cariño?
Mi mirada chocó con la suya y noté la comprensión y l