Umara:
Todo en mí tiembla. El recuerdo de sus manos apretando posesivamente mi pechos, el calor de su boca recorriendo mi piel, la humedad de su lengua sobre mis zonas prohibidas hace que mi cuerpo se tense de angustia.
—¡Eres un vil mentiroso!- grité, loca de desesperación.-¡dijiste que eras el jardinero real!
—No.- llega hasta mí y toma mi rostro entre sus manos. Su piel broncínea y su calor, me debilitan.- nunca dije tal cosa, tú asumiste que yo lo era y yo simplemente no quise asustarte.