A pesar del portentoso suceso de Umara con los leones, hubo más de un noble del imperio que al escuchar la noticia de quién comandaba al ejército rebelde decidió tomar todas sus pertenencias valiosas y abandonar Tarmén.
Día tras días las caravanas salían de la ciudad para perderse en el horizonte, con rumbo al oeste o al Sur y la incertidumbre y el pánico comenzó a apoderarse de los que aún permanecían en la capital.
Para evitar caer en posibles complots de asesinato y otras estratagemas, Aless