Hiel:

Alessios enredó su masculina mano en el cabello de ella, Alessios la forzó a torcer su cuello, elevando su mentón y mirándole a los ojos.

—Hiel.- bramó el emperador.- es lo que recibo de ti incluso después de tantos meses. ¿Es que no existe el perdón en tu corazón, pequeña nómada? ¿Qué quieres de mí? ¡¿Planeas torturarme hasta la locura, manteniendo la fruta prohibida de tus caricias al alcance de mi mano pero privándome de ella una y otra vez?!

Los ojos de Umara permanecieron fríos, inexpresiv
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