—Nosotras también te echamos de menos, Cimbel.-Respondió Zai, con una enorme sonrisa.
Las mujeres del pabellón habían cambiado. Veinte años no pasan en vano.
Zai llevaba su rojiza cabellera completamente trenzada, mientras Mem se había rapado la blanca suya casi completamente. Y Burya…bueno, la rusa traía su dorada cabellera más larga y reluciente que nunca. Por lo demás, todas mostraban en sus rostros las esperadas señas de la edad.
—Ha sido un gran shock para todos, el pueblo está eufórico de