Umara bebió de la jarra, la fresca agua parecía mejorar la ardiente sed que la atenazaba pero no la quitaba por completo. Se tensó al instante al sentir el masculino cuerpo que se pegaba a su espalda, al tiempo que un brazo de hierro rodeaba su cintura. Alessios escondía su rostro en sus cabellos, inhalando su aroma.
—Después de tanto tiempo sigues oliendo igual.- susurró en su oído haciéndola estremecer, al tiempo que depositaba un húmedo beso en su cuello.- hueles a tierra mojada y a lluvia.