Mundo ficciónIniciar sesiónEl caos se disipó tan rápido como había llegado, dejando un silencio pesado y tóxico en el pasillo del ala de neurología. La habitación 901, que había sido "la habitación de la luz" hacía unas horas, ahora se sentía como una tumba. Amelia yacía de nuevo inmóvil, sus ojos cerrados, no en un sueño pacífico, sino en una retirada química inducida por el diazepam. Las marcas rojas en sus mu&nti







