Luca, Emilio y Guillermo estaban unidos, las manos entrelazadas, una trinidad de dolor compartido y un vínculo recién forjado. La verdad, leída en las desgarradoras cartas de Amelia, los había unido.
—Ahora —dijo Luca, su voz era un juramento—. Ella está esperando. Sabe que estamos aquí. Y sabe que la verdad por fin salió a la luz. Es hora de que vayamos. Los tres. Y la traigamos a casa.