El crepúsculo de Nochebuena se filtraba por los altos ventanales de la suite principal de la Villa Bellini, bañando la habitación en tonos dorados y ámbar. El aire en la mansión ya olía a celebración, pero dentro de aquellas cuatro paredes, el tiempo se regía por un latido diferente.
Amelia sintió el calor de la mano de Luca acariciando su rostro. El gesto era tan tierno que, en lugar de despertar, se acurrucó más profundamente contra su palma, buscando su esencia. Luca se inclinó so