Mundo de ficçãoIniciar sessãoEmilio se quedó mirando el cristal, su mano apoyada en él. Vio el diminuto pecho del bebé subir y bajar con dificultad. Vio sus ojos, abiertos por un instante, de un azul verdoso inconfundible. Sus ojos. Los ojos de Luca Bellini.
No había duda.
La ironía lo golpeó con la fue







