—Óscar, basta ya de todo esto, deja de jugar y vístete de una vez —dijo Luna, intentando detenerme.
Pero yo la sujeté con firmeza por la cintura, abrazándola más fuerte.
—No quiero vestirme, quiero seguir abrazándote así.
—Luna, ¿puedo dormir contigo esta noche? —pregunté de forma atrevida, llevándome un paso más allá.
Luna respondió apresurada, casi con urgencia:
—¡Por supuesto que no! ¿Qué pasaría si tu cuñada pregunta por ti?
—Le diré simplemente que me quedé con unos amigos. No sospechará na