—Déjame abrazarte y dormir tan solo un rato contigo, no haré nada más —seguí insistiendo con un tono de niño mimado.
—¡Ni lo sueñes! Vístete ahora mismo o me enfadaré de verdad —dijo Luna, su paciencia empezaba a agotarse.
Al ver que realmente comenzaba a molestarse, decidí mejor no seguir provocándola.
Aprovechando un momento de distracción, me acerqué con rapidez y le di un beso fugaz en la mejilla antes de salir corriendo.
Luna, sorprendida, me miró con una mezcla de enojo y diversión, pero n