Sin embargo, en ese momento la atención de Lucía no estaba en mí, sino en su querida amiga Luna.
Lucía observaba cuidadosamente la expresión de Luna.
El rostro de Luna estaba rojo y parecía muy nerviosa, incapaz de mirarme directamente.
Cuanto más actuaba así, más evidenciaba que, en el fondo, lo deseaba.
Pero para mujeres como Luna, aunque sientan una gran necesidad o deseo, siempre lo guardaban en su interior, sin expresarlo.
Para entender lo que realmente piensan, es necesario captar los peq