—Sí, lo dije, y puedes estar tranquilo, esta vez cumpliré mi palabra.
Al escuchar esas palabras, me emocioné muchísimo.
Sabía que no era lo mismo masturbarse uno mismo que sentir la mano de otra persona, y mucho menos una mano tan suave y delicada como la de Lucía. No podía esperar más para experimentar eso tan bueno.
Sin embargo, añadió: —Pero ahora no puede ser, tenemos que esperar un poco.
Asentí repetidamente.
Entendía que tenía miedo de que mi hermano Raúl llegara de repente. La verdad, yo