No me atrevía a decir la verdad. Si le contaba a Luna que esto me pasaba a menudo, seguramente pensaría que soy un pervertido.
Así que, con mucho cuidado le respondí:
—No, esto no es normal en mí.
—¿Entonces solo te pasa cuando me ves? —preguntó Luna, sonrojada.
Me apresuré a explicarme:
—Tampoco es eso, siempre te he respetado mucho, Luna. No tengo malas intenciones.
—Quizá esto me ocurre porque eres muy hermosa.
—A quien no le despierta admiración una mujer bonita.
Mientras decía estas palabra