Mi mano tomó más valor y hasta pensé en deslizarla más adentro.
—Óscar, no, eso no, — me detuvo mi cuñada.
Le susurré, —No pasa nada, seré cuidadoso. Nadie lo notará.
—Pero no podemos, aquí viene y va mucha gente. ¿Te imaginas si alguien nos ve? ¡Qué vergüenza! — dijo ella, visiblemente nerviosa.
—Cuñada, tú misma me ayudaste a quitarme el pantalón hace un rato.
—Eso fue diferente, era por cuestiones médicas, pero ahora... esto sería como si estuviéramos haciendo algo prohibido. Sus mejillas est