Después de pensarlo un momento, le pregunté con cautela: —¿Por qué lo dices? ¿Acaso ya terminaste con tu novio?
María: —No, ese mal hombre sigue sin dar señales de vida. Pero ya lo pensé bien; aunque él quiera dejarme, yo no lo voy a dejar.
Yo: —¿Por qué?
María: —Porque quiero traicionarlo, quiero hacerle la vida miserable, quiero que jamás pueda estar tranquilo.
Al leer esto, un terrible escalofrío recorrió mi cuerpo.
Esta mujer era realmente despiadada.
Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa