Estaba completamente borracho. Había bebido lata tras lata de cerveza, incluso más que ella.
Entre la oscuridad y el efecto del alcohol, le pregunté: —¿Cómo te llamas de verdad?
—Te lo dije antes, me llamo Ana Palacios.
—Deja de mentirme, escuché a alguien llamarte doctora Martínez. No te apellidas Palacios en lo absoluto.
—Ah, ¿no? Supongo que no... Tienes toda la razón, mi apellido es Martínez.
—Me llamo María Martínez, ¿te gusta mi nombre?
Con la cabeza nublada por el alcohol, respondí: —Me e