De verdad, no quería quedarme ni un segundo más allí.
Sentía que, si me quedaba más tiempo, Paula, esa malvada, seguiría jugando conmigo.
Era mejor irme de inmediato.
Al fin y al cabo, no iba a poder acostarme con Paula ni ver sus partes íntimas, así que no tenía sentido torturarme más.
Le dije a Luna, —Luna, me iré a un hotel.
Luna me miró extrañada y preguntó, —¿Por qué te irías a un hotel?
—Bueno, aquí no hay espacio para mí, así que mejor me voy al hotel, estaré bien.
Parecía que Luna quería