Luna era muy lista y de inmediato supo cómo seguir con la actuación.
De repente, comenzó a llorar de nuevo, con un tono tan convincente que hasta a mí me habría engañado si no conociera la verdad: —¡Apenas tengo 31 años! Estoy en la flor de mi juventud, ¿cómo voy a enfrentarme a la menopausia tan pronto? ¡¿Y si no puedo tener hijos, entonces, qué voy a hacer?!
—Paula, dime, ¿qué hago?
Las lágrimas corrían desbordadas por su rostro con tanta naturalidad que su actuación parecía completamente auté