—¡Pues que muera entonces! Pero incluso convertido en fantasma, no voy a dejarte en paz jamás…
Jalándola con los dientes con fuerza, me arranqué la hoja de acero que aún seguía clavada en mi hombro. El dolor fue desgarrador, pero lo que le impactó fue la reacción de Lucian: se quedó pasmado, como si no pudiera creer que tuviera la fuerza de voluntad suficiente para hacer algo así. Seguro pensó que me quebraría antes.
Aprovechando su momento de desconcierto, bajé furioso la cabeza y le embestí co