—Será mejor que no me obligues —le advertí—Si me llevas al límite… soy capaz de hacer cualquier cosa.
Ese bastardo nunca tuvo la intención de dejarme ir. Lo veo claro ahora. Así que, por supuesto, yo tampoco podía permitirle que saliera de esta ileso. Si lo soltaba, estaría cavando mi propia tumba. Me iba a buscar, tarde o temprano, y esa vez no tendría ninguna posibilidad.
Lucian sonrió, de manera despreciativa, tan afilada como una cuchilla. Sus ojos me perforaron con una mezcla de burla y sup